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14 abr 2026
08:51
Más de 13.000 estudiantes abandonaron las aulas en el departamento de Potosí durante la gestión 2025 que deja al descubierto una crisis educativa que va más allá de lo pedagógico y refleja problemas estructurales.
El director departamental de Educación, Javier Ortega, informó que los datos surgen de una evaluación realizada junto a 84 directores distritales, en el marco del cierre del primer trimestre previsto para el 8 de mayo. A este escenario se suma otro indicador preocupante: el 4,5% de los alumnos reprobó el año escolar.
Sin embargo, más que cifras, los datos revelan un sistema que no logra retener a miles de estudiantes, expulsados por condiciones económicas adversas, migración y falta de acompañamiento familiar.
Uno de los factores más críticos identificados es la desintegración del entorno familiar. Muchos estudiantes permanecen solos en las ciudades, sin supervisión de sus padres, lo que impacta directamente en su rendimiento y permanencia en el sistema educativo.
El problema no es aislado ni reciente. Se concentra en distritos urbanos como Potosí, Tupiza y Villazón, donde la movilidad poblacional es alta, pero también golpea con fuerza a zonas rurales del norte del departamento, donde las condiciones de acceso y permanencia son aún más precarias.
En este contexto, la deserción escolar comienza a perfilarse como un fenómeno con consecuencias sociales a mediano plazo, vinculado al incremento del trabajo informal, la precariedad laboral e incluso riesgos asociados a la inseguridad.
Pese a la magnitud del problema, las respuestas estructurales siguen ausentes. La propia autoridad educativa reconoció la necesidad de que los gobiernos municipales y departamentales, que asumirán funciones en mayo, impulsen políticas públicas concretas para contener estos índices.
“El dato de más de 13.000 estudiantes que han abandonado nos llama poderosamente la atención. Es un tema que debe ser asumido también desde el ámbito municipal”, afirmó Ortega.
Además de los factores económicos, también se identifican debilidades dentro del sistema educativo, como la falta de seguimiento continuo a los estudiantes, escasa comunicación con las familias y limitaciones en la detección temprana de dificultades de aprendizaje.
“Los estudiantes necesitan un seguimiento permanente. No basta con una sola reunión con los padres, debe existir una comunicación constante”, sostuvo.
En la jornada de análisis participaron instituciones como la Policía, el Defensor del Pueblo y el Órgano Electoral, abordando factores externos como la violencia y el entorno social. No obstante, el desafío central sigue pendiente de frenar una deserción que ya no es un dato aislado, sino el reflejo de una crisis que avanza sin contención.
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