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27 may 2026
10:01
La Policía no dejó pasar desapercibido el Día de la Madre. “A vuestros pies, madre, llega un infeliz cargado de angustia y de temor…”. La antigua plegaria mariana pareció cobrar vida en una fría noche potosina, cuando el comandante departamental de la Policía, coronel Pompeo Sánchez, se arrodilló frente a una anciana vendedora para rendir homenaje silencioso a esas madres que, pese al cansancio, la edad y las heridas de la vida, continúan luchando en las calles para sostener a sus familias.
Anoche, en medio del intenso frío que golpea las noches de la Villa Imperial, el comandante departamental recorrió distintos sectores de la ciudad para entregar canastones y presentes a mujeres de avanzada edad que trabajan hasta altas horas de la noche vendiendo dulces, medias, linaza caliente y pequeños productos que apenas les permiten sobrevivir.
Pero más allá de los regalos, hubo un gesto que estremeció a quienes transitaban por la avenida Universitaria. El jefe policial se puso de rodillas frente a una anciana comerciante, cuyos días terminan casi pasada la medianoche, y conmovido le expresó palabras de gratitud y respeto.
“Mamita, felicidades. Pese a tu edad sigues trabajando. Que Dios te bendiga”, manifestó la autoridad policial mientras sus rodillas tocaban el pavimento helado donde la mujer permanecía sentada esperando vender sus últimos productos de la jornada.
La escena no pasó inadvertida. Personas que caminaban por el lugar se detuvieron para aplaudir el gesto, algunos incluso conmovidos hasta las lágrimas al ver el reconocimiento hacia mujeres que muchas veces son invisibles para la sociedad, pero que sostienen hogares enteros desde la trinchera del sacrificio y el trabajo diario.
Más de una decena de madres recibieron los presentes policiales. Algunas inicialmente se mostraron sorprendidas e incluso temerosas por la presencia de los uniformados; sin embargo, terminaron sonriendo al sentirse tomadas en cuenta en una fecha que para muchas transcurre entre el frío, la necesidad y la obligación de seguir trabajando.
La jornada dejó una imagen poco habitual: la autoridad policial inclinándose ante la dignidad de las madres trabajadoras de Potosí, aquellas que ni la edad, ni el hambre, ni las gélidas noches han logrado derrotar.
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