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24 mar 2026
21:09
Durante más de cinco días, Edwin Mamani Pérez, de 28 años, permaneció sepultado vivo bajo toneladas de óxidos de plata en el Cerro Rico de Potosí. Sin agua, sin coca y con el aire reducido al mínimo, resistió en la oscuridad absoluta, atrapado entre rocas que en cualquier momento pudieron aplastarlo.
El hundimiento ocurrió arriba de la cota 4.400, en la bocamina Bolívar. La carga cayó de forma repentina mientras realizaba labores de “bombeo”, dejándolo inmovilizado en un espacio estrecho, casi sin posibilidad de moverse. Su cuerpo quedó aprisionado, con enormes piedras sobre él y a los costados, en una trampa de la que parecía imposible salir con vida.
Durante horas que luego se convirtieron en días, nadie respondió a sus intentos de auxilio. Golpeaba las rocas con la poca fuerza que le quedaba, tratando de hacerse escuchar en medio del silencio de la mina. Afuera, un equipo de rescate de la Unidad de Bomberos inició su búsqueda, pero al no encontrar señales de vida, el operativo fue suspendido. Para todos, Edwin ya estaba muerto.
Pero no lo estaba.
En el fondo del derrumbe, al borde del colapso, siguió golpeando. Una y otra vez. Hasta que, cuando toda esperanza parecía extinguida, sus compañeros escucharon los golpes. Débiles, intermitentes, pero suficientes para confirmar que seguía con vida.
“Yo golpeaba las piedras y ellos también respondían… así me han encontrado”, relató tras ser rescatado, todavía marcado por la experiencia.
Contra todo pronóstico, salió con vida. Fue trasladado de emergencia a la Caja Nacional de Salud, donde apenas permaneció 16 horas internado. El diagnóstico sorprendió incluso a los médicos: solo presentaba una leve contusión en el hombro.
Lo que vivió bajo tierra fue una lucha silenciosa contra la muerte. Edwin asegura que pasó gran parte del tiempo en estado de shock, sin pensar, sin dimensionar el peligro, simplemente resistiendo. “Estaba en un rincón, casi aplastado. Apenas podía moverme”, recordó.
Paradójicamente, las mismas rocas que lo atraparon evitaron que muriera. Quedó sostenido entre grandes bloques que formaron una especie de cavidad que le permitió seguir respirando. “Encima mío había piedras grandes… pero también me han salvado”, dijo.
Recién incorporado al trabajo minero, Edwin enfrentó una prueba límite en su primera etapa dentro del Cerro Rico. Hoy, tras haber estado a centímetros de la muerte, no tiene claro si volverá. “Voy a ver… tal vez sí, tal vez no”, respondió.
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