Internacional
13 ene 2026
15:20
Frente a la costa sudafricana, en una de las principales arterias del comercio marítimo, en un estratégico punto donde confluyen el océano Índico y el Atlántico, las armadas de China, Rusia e Irán participan estos días en unas maniobras navales conjuntas que llevan el sello del grupo de economías emergentes de los BRICS. Los ejercicios coinciden con un momento de creciente fragmentación del orden internacional y preocupante fricción geopolítica global y cuando Teherán vive un momento convulso de explosión social, lo que pone al Gobierno en el punto de mira de Donald Trump.
Sudáfrica es la anfitriona de unos ejercicios militares, denominados Will for Peace, que comenzaron el viernes y se prolongarán durante siete días en torno a la base naval de Simon's Town, cerca de Ciudad del Cabo. En el puerto atracaron alrededor de una docena de buques de guerra y embarcaciones de apoyo, en una demostración de capacidad logística y coordinación militar poco habitual en esta pacífica región.
China e Irán han desplegado destructores; Rusia y Emiratos Árabes Unidos, corbetas; mientras que Sudáfrica ha dado apoyo con varias fragatas de su propia flota. Entre las ausencias militares más llamativas destacan las de India y Brasil, dos miembros fundadores y pesos pesados del bloque. Brasil participa únicamente como observador, mientras que Nueva Delhi ha optado por mantenerse completamente al margen.
Irán se incorporó oficialmente a los BRICS en 2024, en una ampliación que también incluyó a Egipto, Etiopía, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Esta expansión ha reforzado el peso demográfico, energético y económico del grupo (sus miembros representan más del 40% de la población mundial y alrededor del 26 % del PIB global), pero también ha aumentado su heterogeneidad y sus tensiones internas, especialmente con India, que trata de equilibrar sus estrechas relaciones diplomáticas con Moscú y Washington.
Concebido originalmente como un foro de cooperación económica entre grandes economías emergentes, los BRICS atraviesan ahora una fase de redefinición estratégica. Aunque persisten divergencias políticas y de seguridad entre algunos de sus miembros, el grupo parece mostrar una creciente disposición a coordinar posiciones y a exhibir músculo militar en respuesta a un sistema internacional cada vez más fracturado.
El bloque "antiestadounidense"
Trump ha acusado repetidamente a los BRICS de actuar como un bloque "antiestadounidense" y ha impuesto aranceles adicionales -del 10% al 30%- a varios de sus miembros. En julio del año pasado, el presidente estadounidense advirtió que, si el grupo adquiría una forma "real y significativa", Washington lo desmantelaría "muy rápidamente".
En respuesta, los líderes de los BRICS, con China a la cabeza, han adoptado un discurso cada vez más desafiante, denunciando el unilateralismo, el uso de sanciones económicas como arma política y las intervenciones militares contra países como Irán o Venezuela.
Las autoridades sudafricanas explicaron que las maniobras de esta semana -incluyen operaciones de rescate, simulaciones de ataques marítimos, intercambio técnico y coordinación operativa entre los ejércitos participantes- responden a la necesidad de reforzar la cooperación en un entorno marítimo cada vez más inestable y de proteger rutas comerciales clave para la economía global. Es la tercera vez desde 2019 que Sudáfrica realiza estos ejercicios militares junto a Rusia y China.
Sin embargo, desde la oposición sudafricana se ha criticado duramente la iniciativa, advirtiendo de que la presencia en aguas nacionales de buques pertenecientes a países considerados rivales estratégicos por Estados Unidos será interpretada por la Administración Trump como una provocación deliberada, con posibles consecuencias económicas y diplomáticas.
Las relaciones bilaterales entre Sudáfrica y EEUU atraviesan por su peor momento desde el fin del apartheid. El año pasado, Trump suspendió los programas de ayuda estadounidense, boicoteó la cumbre del G-20 organizada por este país, impuso aranceles del 30% a productos sudafricanos y llegó a ofrecer un proceso acelerado de asilo a los afrikáners blancos. Además, acusó sin pruebas al Gobierno del presidente Cyril Ramaphosa de permitir un supuesto genocidio contra agricultores blancos, una afirmación que fue ampliamente rechazada por la comunidad internacional.
En este contexto, las maniobras navales frente a la costa sudafricana no solo representan un ejercicio militar, sino también una señal política de los nuevos alineamientos en el tablero geopolítico y de la creciente voluntad de los BRICS de proyectar influencia más allá del ámbito económico.
Fuente/El Mundo
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