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19 oct 2026
09:47
Un joven de 24 años desató el terror en un campo deportivo tras una aparente afrenta verbal. Dos menores, de 9 y 15 años, fueron masacrados a sangre fría en cuestión de segundos. La Policía activó el Plan Z para dar con el sospechoso, señalado como un consumidor con nexos con el bajo mundo.
Al menos seis niños compartían la cancha, ajenos a la tragedia que estaba a punto de consumarse. Eran cerca de las 19:30 de la noche de ayer cuando la convivencia vecinal se fracturó de forma irreversible y la violencia se adueñó de la pequeña cancha.
De acuerdo con las primeras pesquisas, una discusión y unos supuestos insultos lanzados en plena cancha marcaron la sentencia de muerte. El cruce de palabras hirió el orgullo de Carlos Y. M., un sujeto de 24 años que, lejos de zanjar la disputa con palabras, optó por la vía de la crueldad. Abandonó temporalmente el perímetro deportivo, caminó hasta su domicilio y regresó con un arma blanca con una sola misión: cobrar venganza.
El agresor no titubeó. Sin mediar palabra ni dar tregua, se abalanzó directamente contra las víctimas: un niño de apenas nueve años y un adolescente de 15. Los testigos presenciaron atónitos la extrema violencia. Tras asestarles múltiples heridas punzocortantes, el homicida los dejó tendidos en un charco de sangre, convulsionando y agonizando durante desesperantes minutos ante la impotencia de los presentes, antes de esfumarse con rumbo desconocido en la oscuridad de la noche.
Cuando la Policía arribó al lugar alertada por las llamadas de auxilio, los cuerpos inertes de los dos menores ya yacían sobre un charco de sangre. El perímetro fue inmediatamente acordonado por agentes de la Policía para el levantamiento legal de los cadáveres y el inicio del peritaje forense.
Las primeras líneas de investigación perfilan a Carlos Y. M., de 24 años, como un sujeto de alta peligrosidad. Informes preliminares sugieren que el agresor no solo era un consumidor habitual de sustancias controladas —específicamente marihuana—, sino que además mantendría presuntos vínculos con redes de narcotráfico que operan en la región, un factor que explicaría la alarmante frialdad y brutalidad de su reacción.
Mientras tanto, en Agua de Castilla el dolor se ha transformado en un clamor unánime de justicia. Las familias de las víctimas lloran la pérdida irreparable de sus seres queridos en medio del estupor colectivo. El Comando Regional de la Policía ha desplegado un operativo sin precedentes, activando el Plan Z y movilizando a un contingente de casi medio centenar de efectivos policiales que rastrillan exhaustivamente comunidades aledañas y caminos vecinales. Las imágenes del presunto autor ya circulan en las dependencias policiales, mientras la cacería humana continúa con el tiempo en contra.
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